Jueves, 09 de Febrero de 2012
Fecha última actualización 01/02/2012


|
Noticias
Index Noticias
El SIDA en Latinoamérica
Entrevista a Rosemarie Muñoz, socióloga, y asesora del ONUSIDA para el desarrollo de programas en América Latina
El Síndrome de Inmunodeficiencia adquirida (VIH) ha provocado la muerte de 20 millones de personas en todo el mundo, desde su aparición en 1981. De los 38 millones de personas que al finalizar 2003 vivían con la enfermedad, 2 millones 30 mil se encontraban en América Latina y el Caribe, segunda región con mayor tasa de aumento del SIDA a escala mundial.
El pasado año fallecieron 4 millones 800 mil personas a causa del SIDA. Según las cifras oficiales avanzadas en el Informe de 2004 del programa ONUSIDA, 84 mil en Latinoamérica y 35 mil en el Caribe, aunque en una franja oscilatoria la cifra de muertos en esta región alcanzaría los 59 mil. En América Latina se registraron 200 mil nuevos casos de infectados y en el Caribe otros 52 mil. Las características de incidencia y contagio reflejan una tendencia creciente de población de alto riesgo, sobre todo en el cono sur, donde la mayor parte de las infecciones son contraídas por el uso de drogas inyectables y sexo entre hombres.
Tanto en Centroamérica como en el Cono Sur, la característica es el contagio por sexo, pero se da el caso que entre las mujeres que ejercen la prostitución el número varía de un país a otro: menos del 1 por ciento en Nicaragua, 2 por ciento en Panamá, 4 por ciento en El Salvador y 5 por ciento en Guatemala. En Honduras sobrepasa el 10 por ciento. En conjunto, el contagio está asociado al factor pobreza y a la falta de acceso a servicios de salud.
En grandes capitales como Buenos Aires, el virus afecta al 24 por ciento de los hombres que mantienen o han mantenido relaciones homosexuales. En Lima, en 2002, esta cifra era del 21 por ciento, en Guayaquil llegó al 24 por ciento entre 1999 y 2000, mientras que en Bogotá fue del 18 por ciento. El contagio es mucho más amplio entre homosexuales que entre mujeres, incluidas las que ejercen la prostitución. En Perú, por ejemplo, el 9 por ciento de los hombres objeto de una reciente encuesta asegura haber mantenido contacto sexual con otro hombre al menos una vez en los últimos 3 años, y un 70 por ciento de ellos no utilizó condón.
En Latinoamérica y el Caribe, la población entre 15 y 24 años es la más afectada. La presencia de la epidemia varía según la zona, pero se mantiene entre un 1,5 y un 3 por ciento, como media generalizada.
En una entrevista con Radio Nederland, Rosemarie Muñoz, socióloga, y asesora del ONUSIDA para el desarrollo de programas en América Latina, aborda éstos fenómenos de la pandemia del SIDA en la región.
RNW.- ¿Cuáles son las características del desarrollo de la enfermedad del SIDA en la región?
RM.- La pandemia del SIDA en la región se detectó a principios de los años 80. Algunos países, por ejemplo Brasil, comprobaron el surgimiento de la epidemia entre los años 80 y 83. El primer caso de SIDA se descubrió en Brasil, en el Estado de Sao Paulo. Como casi en todo el mundo, al principio la epidemia afectó a personas de mayor vulnerabilidad, a grupos específicos, como hombres homosexuales y usuarios de drogas inyectables, entre otros.
En algunos países, la epidemia afecta no sólo a estos grupos específicos, y, entre tanto, ha alcanzado a la población en general. Sin embargo, en algunos países latinoamericanos, sobre todo en América Central, los homosexuales constituyen aún un grupo muy afectado por la epidemia.
RNW.- ¿Existe algún vínculo entre la pobreza y estos grupos que Uds. consideran como de alto riesgo?
RM.- Claro. La epidemia se extiende cada vez más a los grupos más marginados de la sociedad, a aquéllos que no tienen acceso a educación, a quienes no poseen trabajo y, por tanto, no tienen acceso a los servicios de salud.
RNW.- ¿A qué se debe que haya mayor contagio entre homosexuales que entre mujeres que trabajan en la prostitución?
RM.- La vulnerabilidad entre los homosexuales es aún mayor, porque las relaciones sexuales anales conllevan más riesgo, sobre todo si no se utiliza un preservativo. Por tal razón, es importante desarrollar proyectos de prevención para que se practique el sexo seguro, utilizando condones, y dedicar más atención al tema de la vulnerabilidad. A este respecto, los líderes de comunidades homosexuales o las mujeres que trabajan en la prostitución pueden desarrollar, mejor que cualquier científico, profesor o profesional del sector de salud, programas de prevención en sus comunidades, pues tienen mejor acceso a los miembros de su comunidad.
De ahí la importancia de programas de prevención, sobre todo aquéllos con los que se concede acceso a preservativos, que siguen siendo el método más efectivo para prevenir el VIH en los sectores sociales vulnerables.
RNW.- En la mayor parte de los países de América Latina se señala que hay un alto riegos de infección debido al uso de drogas inyectables. ¿Esta característica tiene alguna particularidad específica en el Cono Sudamericano?
RM.- Efectivamente. El uso de drogas inyectables es mucho más importante en la región del Cono Sur que en el resto de la América Latina. Esto guarda relación con la ruta de paso de la droga, con su producción y venta. Es por eso que, en estos lugares, el uso de drogas y la frecuencia del VIH/SIDA en usuarios de drogas inyectables es mayor. En consecuencia, el Cono Sur y algunas partes de Brasil, así como algunas regiones de países fronterizos al norte brasileño, son las zonas más azotadas por los flagelos de las drogas y el VIH.
RNW.- Usted hizo referencia a la incidencia de la enfermedad en sectores empobrecidos de la población. ¿Quiere desarrollar un poco más este enfoque?
RM.- Sí, observamos en todo el mundo, no solamente en América Latina, que la epidemia se extiende cada vez más a sectores empobrecidos o marginados. Cabe destacar que los países más pobres también tuvieron un índice de infección mucho mayor. América Latina, el Caribe, África, y algunos países del Asia, es decir, países en vías de desarrollo, son las regiones más afectadas por la epidemia en los últimos años. Y dentro de estos países, los sectores más afectados son los más marginados. Y, con el paso del tiempo, esta situación se acentúa.
RNW.- ¿Guarda este análisis relación el impacto social de la enfermedad?
RM.- Sí, seguro, porque se trata de personas que tienen menos acceso a la educación, a programas de prevención y a los servicios de salud. En consecuencia, son las más atacadas por la epidemia.
RNW.- Es interesante tener en cuenta que muchas personas contagiadas que han recibido tratamiento con retrovirales, han desarrollado resistencia a estos medicamentos, pero, a pesar de la farmacorresistencia, sobreviven bastantes años.
RM.- Actualmente, 38 millones de personas, en todo el mundo, están contagiadas con el virus de inmunodeficiencia humana, VIH. La mayoría de ellas, el 60 por ciento, vive en los países del África Subsahariana. Sin embargo, hemos observado que en algunos países del Asia, como China, la epidemia crece a ritmo acelerado. En el este de Europa, la enfermedad se extiende con rapidez, sobre todo debido al uso de drogas inyectables, que es una de las vías de transmisión más efectivas. Por tanto, la epidemia aumentará aún más entre la población de drogadictos.
Ahora bien, en nuestro continente, el Caribe es una subregión también muy afectada por el VIH, la segunda en todo el mundo. En América Latina, más de un millón y medio de personas está contagiada con el virus o ha desarrollado la enfermedad. En el Caribe, unas 430 mil personas portan el VIH.
En cuanto al acceso a tratamientos, existe un problema fundamental en todo el mundo. Los países en vías de desarrollo tienen difícil acceso a terapias con retrovirales, porque son muy costosas. Sin embargo, ha habido algunas mejorías en este sentido porque tenemos versiones genéricas de tratamiento mucho más baratas que los medicamentos de marca. Además, algunos países en vías de desarrollo tienen acceso a estos tratamientos y pueden distribuirlos entre su población. Al mismo tiempo, gran parte de la población mundial está privada de tratamientos. Este es uno de los puntos más importantes, pues, sin tratamiento, la calidad de vida de las personas que portan el VIH es muy deficiente, y los pacientes sucumben ante la enfermedad. En los países en desarrollo, apenas el 7% de esa población tiene acceso a los medicamentos retrovirales. Es decir, que existe un profundo abismo entre quienes necesitan y quienes tienen acceso a tratamiento.
Fuente: Radio Nederland
|
|
|